Hay muchas posadas que han preferido instalarse en las montañas, ya sea antes o después del pueblo de Choroní, pero alejadas de Puerto Colombia. Casi todas ofrecen piscina, jardines grandes y sabrosos y la frescura del río cercano. Hay quienes aman esta posibilidad, aunque igual se acerquen al agite para darse baños de mar o probar la gastronomía local. Les hago sugerencias de planes tranquilos.
Estuvimos en Chuao hace 3 semanas. Muchas posadas, el único muelle donde no te desbarrancas para bajarte o subir al peñero, tremenda casa de los pescadores, asfalto en todo el camino hasta el pueblo, tarantines para comer y toldos y sillas en la playa, cacao puro y aromático y la fascinante caminata hasta El Chorrerón. Total, tremendo plan.
La entrada al oriente del país, el pueblo que da la bienvenida al Estado Anzoátegui, la laguna que vemos desde la carretera y los camarones frescos que bambolean en la estación de gasolina. Así es Boca de Uchire, con todas sus posadas frente al mar y posaderos fajados por mantener la limpieza, la carretera y la seguridad, para lo cual participan activamente en el consejo comunal.
Fueron el buceo y la pesca submarina los que cautivaron a los hermanos Fisher para montar su posada Puerto Escondido. Casi 20 años después su sobrino César Fisher sigue la tradición, los buzos acuden dichosos y la gente del pueblo se entusiasmó con el turismo, así que construyeron ¨casas productivas¨, montaron restaurantes y alquilan toldos y sillas.
Los visitantes de Boca de Uchire no suelen acercarse a los pueblitos de La Cerca y El Hatillo, a las orillas del río Unare. Es verdad que la carretera es un desastre, pero las señoras preparan suculentas arepas de maíz pilado en leña o carbón; los pescadores venden camarones fresquitos, camacutos en temporada y pescado recién sacado; y Claudio ofrece paseos de observación de fauna por el río Unare.
Frente a Bejuma, metida dentro de un bosque, con un manantial que la cruza, techos de chiquichiqui, noble madera y espacios abiertos. Así es la Hacienda Sierraverde Posada Spa, el refugio que resolvieron compartir Hugo y su esposa Elsa, aunque fue el regalo del arquitecto al cumplir 20 años de casados. Lo han hecho tan bien, que ahora forman parte del Circuito de la Excelencia.