Este pueblo a 76 kilómetros de Santa Elena de Uairén se convirtió en el refugio de un grupo de caraqueños hace ya más de 30 años. Algunos permanecen, otros se fueron y regresaron, los hijos estudian y vuelven y nunca falta quien entiende que sólo aquí su vida consigue reposo. Productores de miel, criadores de cochinos, agricultores, profesores de danza o posaderos y guías, todos esperan ansiosos la llegada de las visitas, sustento principal del poblado. Su gran atractivo: El Abismo.
Una recorrido muy curioso por los predios de Valle de Morín, Camatagua y Taguay para hacer una excursión complicadísima a Los Chorros de Cura, conocer las gallinas más dichosas de Venezuela que ponen huevos anaranjados y hacer kayak o pescar en la represa de Camatagua, mientras observan los apacibles verdes del Valle de Morín y se hospedan en gratas posadas.
Asombrosa la cantidad de embarcaciones que llegan un fin de semana cualquiera a La Tortuga. Su oferta abundante de playas, la transparencia y salud de sus aguas, arenas muy blancas y soledad si sabes buscar el sitio, son suficientes atractivos. La única posada fue clausurada y el proyecto turístico eliminado, así que la segunda isla más grande de Venezuela luego de Margarita quedó como hogar de pescadores y refugio de unos loros endémicos.
De refugio para unos pocos privilegiados que sembraban la tierra con flores y hortalizas, Galipán se convirtió de pronto en el escape montañoso de los caraqueños, luego en un deleite gastronómico de fin de semana y ahora en un plan completísimo a cualquier hora, pues abundan los restaurantes, abren cada vez más posadas, se organizan eventos y montones de transportistas ofrecen sus servicios desde el Hotel Ávila o por Cotiza.
La Gran sabana es una euforia de naturaleza de sólo mirarla, pero Iván Artal le agregó variedad con sus propuestas de aventura. Un rafting en las corrientes del río Yuruaní, kayak de varios días por diversos parajes, pasarle por detrás al salto Yuruaní y lo más reciente: el vuelo en paramotor.
La capital del estado Bolívar ha estado sumida en un abandono tan concentrado, que de las 15 salas de cine que tuvo en alguna época, no le queda ni una; el turismo ha bajado en un 70%; y pocos se aventuran por sus calles desde que se hizo el segundo puente sobre el Orinoco. Pero se comenta que la explotación de la faja petrolífera montará oficinas aquí. La esperanza está tan alta como el nivel del río mayor.